Han muerto cientos de manifestantes en poco más de dos semanas de protestas, según organismos de derechos humanos. Entre las víctimas hay menores de edad, una realidad que subraya la brutalidad de la respuesta estatal. Más de 10 mil personas han sido detenidas, en un país donde la desconexión deliberada de internet y las telecomunicaciones busca silenciar la magnitud del descontento y dificultar la organización ciudadana.
El régimen iraní insiste en reducir las protestas a conspiraciones externas, una narrativa recurrente que pretende deslegitimar cualquier disidencia interna. Sin embargo, la extensión geográfica de las manifestaciones en más de un centenar de ciudades, y la diversidad de quienes participan en ellas, evidencian que el malestar es profundo y estructural. No se trata solo de pobreza o sanciones internacionales, sino de un sistema político cerrado que ha anulado las expectativas de millones de jóvenes, mujeres y trabajadores.
En este contexto, la figura de Reza Pahlaví, hijo del último sha de Persia, reaparece como un actor simbólico y polémico. Desde el exilio, ha llamado a intensificar las protestas y a impulsar una huelga general, presentándose como una alternativa frente al régimen de los ayatolás. Su discurso, cargado de símbolos nacionales y promesas de retorno, busca capitalizar la ira popular.
¿Pero puede una sociedad que se levantó contra una monarquía autoritaria encontrar en el heredero de esa dinastía una salida democrática? ¿O se trata, más bien, de un intento por dirigir un movimiento que nació sin líderes claros?
La rebelión en Irán no tiene aún un desenlace definido. Lo que sí resulta evidente es que el contrato social impuesto tras la revolución de 1979 está profundamente erosionado. La represión puede contener momentáneamente las calles, pero no resolverá las causas del levantamiento. Irán enfrenta una encrucijada histórica. Deberán escuchar a su sociedad y emprender cambios reales, o insistir en la violencia y empujar al país hacia una fractura aún más profunda. El silencio impuesto por el apagón en las redes y en los canales de información no logrará silenciar el grito masivo que ya cruzó las fronteras de ese país.