Arancel, la palabra del año

Arancel, la palabra del año

Que arancel haya sido elegida como la palabra del año 2025 por la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) no es una casualidad lingüística ni un simple guiño académico. Es, más bien, el reflejo de un mundo en tensión, donde el comercio internacional dejó de ser un asunto técnico para convertirse en conversación cotidiana, preocupación doméstica y arma política. Cuando una palabra salta de los manuales de economía a la mesa familiar, algo profundo está ocurriendo.

Durante décadas, el arancel fue un término reservado a especialistas, economistas, abogados, negociadores comerciales. Hoy, en cambio, se escucha en noticieros, debates parlamentarios, redes sociales y hasta en el mercado, cuando el consumidor se pregunta por qué subieron los precios. FundéuRAE acierta al señalar que las negociaciones y las imposiciones comerciales impulsadas desde Estados Unidos, especialmente bajo la lógica proteccionista promovida por su presidente, han colocado a este sustantivo en el centro del debate global.

El diccionario define arancel como una tarifa oficial que determina los derechos a pagar en servicios como las aduanas. Pero en la práctica política actual, el arancel es mucho más que un tributo, es un mensaje. Subirlo o bajarlo implica marcar aliados y adversarios, proteger industrias nacionales o presionar economías ajenas. Es, en suma, una herramienta de poder. Y cuando el poder se ejerce sin matices, las consecuencias suelen sentirse lejos de los despachos donde se toman las decisiones.

Desde una perspectiva editorial, resulta significativo que una palabra con raíces tan antiguas -documentada desde el siglo XVIII-, vuelva a cobrar protagonismo en pleno 2025. Su resurgimiento no obedece a una novedad conceptual, sino a un cambio de época. El comercio global, que durante años se presentó como un camino inevitable hacia la integración, hoy se ve atravesado por desconfianza, nacionalismo económico y pulsos geopolíticos. El arancel simboliza la frontera que se endurece, el intercambio que se encarece y el diálogo que se sustituye por la imposición.

La lista de palabras que compitieron con arancel -apagón, macroincendio, rearme, trumpismo-, refuerza esta lectura. Todas remiten a un mundo crispado, marcado por crisis múltiples y respuestas defensivas. Que haya ganado una palabra asociada al comercio no la hace menos política; al contrario, confirma que la economía es hoy uno de los principales campos de batalla.

La elección de arancel como palabra del año nos recuerda que el lenguaje no solo nombra la realidad, sino que la revela. Si esta palabra domina el discurso público es porque el conflicto comercial se ha instalado como parte del paisaje cotidiano. Y mientras siga en boca de todos, convendría preguntarnos no solo cómo se escribe correctamente, sino qué tipo de mundo estamos construyendo al levantar estas. barreras.

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