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Enfoque personal

Google y la privacidad
Enfoque personal
3 min

Google y la privacidad

Google y la privacidad
19 febrero, 2026

Google y la privacidad

La reciente condena a Google por un jurado en California, que le obliga a pagar 314 millones de dólares como indemnización a usuarios de Android, marca un punto de inflexión en el debate sobre la privacidad digital. El veredicto, que responde a una demanda colectiva presentada en 2019 en nombre de unos 14 millones de californianos, no sólo implica una multa millonaria, sino una advertencia al gigante tecnológico en el sentido de que la recolección masiva de datos sin consentimiento no es un daño colateral del progreso, sino una violación de derechos fundamentales.

La acusación refiere que Google, a través de su sistema operativo Android, habría recopilado datos personales de sus usuarios incluso cuando los dispositivos estaban en reposo. Lo hizo —según los denunciantes – , sin consentimiento explícito, y utilizó esta información con fines comerciales, como personalizar publicidad o ajustar tarifas de telecomunicaciones. Google, por su parte, se defendió alegando que todo estaba estipulado en los contratos aceptados por los usuarios. Pero el jurado no encontró esa defensa suficiente, y la condena revela que el argumento del “consentimiento implícito” ya no es infalible.

Este caso no es un incidente aislado y se enmarca en una larga serie de litigios y cuestionamientos regulatorios que persiguen a Google y a otras grandes tecnológicas en Estados Unidos y Europa. El problema radica en un modelo de negocios basado en la extracción de datos personales a gran escala, muchas veces mediante prácticas engañosas. La sofisticación tecnológica de empresas como Google ha superado los marcos legales tradicionales, y ahora es la justicia —impulsada por usuarios cada vez más informados – , la que comienza a cerrar esa brecha.

Lo ocurrido en California representa un doble mensaje. Por un lado, a las empresas, que ya no pueden seguir escondiéndose detrás de términos de servicio ininteligibles para justificar la vigilancia; y por otro, a los usuarios, que tienen herramientas legales para exigir respeto a su privacidad.

Google es, sin duda, una de las empresas más innovadoras del siglo XXI, pero esa innovación no debe construirse a costa de derechos fundamentales. La sentencia no resolverá de inmediato el dilema de la privacidad digital, pero sí marca un precedente valioso en torno a cómo la tecnología debe estar al servicio de las personas. El verdadero desafío es transformar esta advertencia judicial en una reforma estructural del ecosistema digital, donde la transparencia, el consentimiento y el respeto por los datos personales sean norma, no excepción.

GranBretanaysunuevaestrategiadedefensa
Enfoque personal
3 min

Gran Bretaña y su nueva estrategia de defensa

GranBretanaysunuevaestrategiadedefensa
19 febrero, 2026

Gran Bretaña y su nueva estrategia de defensa

Gran Bretaña ha roto un tabú que había respetado desde 1998 y ha decidido volver a desplegar aviones con capacidad nuclear. El anuncio del primer ministro Keir Starmer en la cumbre de la OTAN en La Haya —la compra de 12 F-35A capaces de portar armas nucleares tácticas – , marca un giro en la política de defensa del Reino Unido, con ecos inequívocos de la Guerra Fría.

Este viraje es consecuencia directa del análisis más reciente de seguridad nacional, que por primera vez en décadas advierte sobre la posibilidad de un ataque directo al territorio británico. Rusia, según el documento, ya estaría sentando las bases para desestabilizar al Reino Unido, mientras que China representa una amenaza más estructural, ligada al espionaje, la presión sobre disidentes y la dependencia tecnológica.

La lógica detrás de la reintroducción de un componente nuclear aéreo parece orientada a la disuasión. Frente a enemigos que emplean tácticas híbridas, ciberataques y guerra psicológica, Londres reacciona elevando su umbral de respuesta. Las ojivas tácticas no son equivalentes a las estratégicas montadas en los submarinos Trident; no apuntan a Moscú ni a Beijing, sino al campo de batalla. Su existencia envía un mensaje de advertencia en el sentido de que cualquier escalada tendrá una respuesta inmediata.

Pero esta estrategia no está exenta de riesgos, y al aceptar portar las bombas de gravedad B61/12, fabricadas por Estados Unidos, el Reino Unido se compromete aún más con la doctrina de disuasión de Washington. Se aleja, por tanto, del modelo francés de independencia nuclear, y se acerca a una línea de confrontación más marcada dentro de la OTAN.

La nueva estrategia incluye medidas para proteger infraestructuras críticas —como los cables submarinos que sostienen el 99 por ciento de las comunicaciones digitales británicas – , una red de centros nacionales de bioseguridad, ejercicios nacionales anuales y una inversión de 600 millones de libras en servicios de inteligencia. En resumen, un cambio de paradigma donde la defensa ya no es solo tarea del ejército, sino de toda la sociedad.

El canciller David Lammy subrayó que pese a la gravedad de la amenaza china, existen áreas —como el comercio y el cambio climático – , en las que la cooperación sigue siendo imprescindible. El Reino Unido no renuncia a su rol de potencia diplomática, pero reconoce que la política exterior hoy requiere también de blindaje militar.

Gran Bretaña, entonces, se adentra en una nueva era de seguridad nacional producto de la incertidumbre. El mensaje de fondo es que Londres no quiere la guerra, pero ya no puede permitirse actuar como si fuera imposible.

Erick Olivera Méndez
  • lexnova@erickoliveramendez.com.mx
  • Ciudad de méxico
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